A medida que las redes de carriles se extienden hacia los pueblos y ciudades, los carriles pasan más cerca que nunca de viviendas, oficinas, hospitales y espacios públicos. Cada tren que pasa genera vibraciones transmitidas por el suelo que se propagan más allá de la propia vía. En entornos urbanos densamente poblados, esas vibraciones transmitidas por el suelo pueden llegar hasta los cimientos de los edificios y perturbar a las personas que viven y trabajan en las inmediaciones.
Si no se controla, esta vibración también acelera la ondulación de los carriles, lo que aumenta el ruido y acorta la vida útil de la vía. Además, aumenta el riesgo de daños estructurales en los edificios e infraestructuras cercanas, sobre todo en ciudades construidas sobre cimientos antiguos o en las que las nuevas líneas discurren por debajo de zonas sensibles.
La aplicación de medidas de control de las vibraciones ferroviarias para cumplir con las estrictas normas sobre pérdida de inserción y ruido es, en la actualidad, un requisito básico para cualquier proyecto ferroviario urbano. Al mismo tiempo, los operadores se ven sometidos a una presión cada vez mayor para alcanzar los objetivos de reducción de carbono, lo que implica que los Materiales utilizados para controlar el ruido y las vibraciones deben ofrecer un rendimiento sostenible.