Las líneas convencionales transportan una combinación de tráfico ferroviario interurbano, de Pasajeros regionales y de Mercancías, a menudo por una infraestructura que lleva décadas en servicio. Equilibrar ese crecimiento del tráfico con una red de carriles fija ejerce presión sobre la planificación del mantenimiento; cada cierre de carril que se realiza para inspeccionar, renovar o reparar los carriles reduce la capacidad disponible para los servicios. Muchas redes están entrando ahora en ciclos de renovación de los carriles para sustituir los componentes obsoletos, pero hacerlo sin alterar los horarios de pasajeros y mercancías supone un importante reto operativo.