Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades, y las redes ferroviarias urbanas se están ampliando para adaptarse a esta situación. Ese crecimiento conlleva una serie de retos: plazos más cortos para las ventanas de mantenimiento, márgenes de error más reducidos y una infraestructura que debe funcionar de forma fiable cada día.
Las formas de los carriles varían enormemente en el ferrocarril urbano. Un tramo de carril de tranvía que atraviesa un centro urbano peatonal se enfrenta a presiones diferentes a las de los sistemas de Metro subterráneos, y cada tipo de carril requiere un enfoque específico en cuanto a estabilidad, ajuste y durabilidad a largo plazo. El ruido y las vibraciones son una preocupación importante cuando las líneas discurren cerca de viviendas, colegios, oficinas y, potencialmente, edificios históricos. Cualquier interrupción del servicio tiene un efecto en cadena inmediato para los pasajeros que dependen de estas redes.